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Día del Ferretero: por qué se celebra el 3 de septiembre y cuál es la historia del oficio en Argentina

Cada 3 de septiembre se homenajea en Argentina a los ferreteros, una actividad que lleva más de un siglo acompañando a hogares, comercios e industrias. La fecha recuerda la fundación, en 1905, de la asociación que dio origen a la actual CAFARA.

Hay oficios que venden productos. Y hay otros que, además, saben qué necesitamos incluso cuando nosotros mismos no sabemos cómo explicarlo.

El ferretero pertenece, sin dudas, a la segunda categoría. Es quien escucha “necesito una cosa para ajustar otra cosa” y, después de algunas preguntas, probablemente encuentre exactamente lo que buscamos.

Cada 3 de septiembre, Argentina celebra el Día del Ferretero, una jornada destinada a reconocer a quienes desarrollan esta actividad y el lugar que las ferreterías ocupan en la vida cotidiana de los barrios y las ciudades.

Pero la fecha no fue elegida al azar. Tiene detrás una historia que comenzó hace más de un siglo.

¿Por qué se celebra el 3 de septiembre?
El origen se remonta al 3 de septiembre de 1905, cuando fue fundada la Asociación de Ferreterías, Pinturerías y Bazares de la República Argentina, una organización creada para representar y defender los intereses de los comerciantes del sector. Con el paso de los años, aquella institución se transformó en la actual Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina (CAFARA).

La organización nació en un contexto en el que los comerciantes del rubro comenzaban a buscar una mayor representación y la posibilidad de unir esfuerzos frente a los desafíos de la actividad.

Su propósito inicial fue reunir a los integrantes del sector para defender intereses comunes, establecer vínculos con otros sectores comerciales y fortalecer la actividad ferretera.

Con el tiempo, la asociación fue creciendo y extendiendo su presencia más allá de Buenos Aires.

Más de un siglo de historia
La trayectoria de la institución acompañó buena parte de la evolución del comercio argentino.

Entre 1905 y 1910 comenzó a gestarse la Revista Ferreteros, destinada a funcionar como órgano de difusión e información para el sector.

Décadas después, en 1965, la entidad adquirió el inmueble de Lavalle 1646, en la Ciudad de Buenos Aires, que se convirtió en su sede. Para entonces, su radio de acción ya alcanzaba distintos puntos del territorio nacional.

La actividad también fue incorporando nuevas propuestas. En 1975 se realizó la primera FERPIBA, una feria vinculada con los sectores de ferretería, pintura y bazar.

Y en 1988 se estableció el 3 de septiembre como Día Nacional del Ferretero, consolidando una fecha destinada a reconocer a quienes trabajan en el rubro.

En 1993 llegó otro hito: la primera ExpoFerretera, concebida como un espacio de promoción, información y negocios para la actividad.

Finalmente, en 1997, la organización modificó sus estatutos y adoptó su denominación actual: Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina.

Mucho más que vender herramientas
Con el paso de las décadas, la ferretería dejó de ser solamente el lugar donde se compraban objetos de hierro.

La oferta se amplió hasta incluir herramientas, materiales para construcción, artículos de electricidad, pinturas, productos para el hogar, elementos de limpieza y numerosos insumos destinados al mantenimiento y reparación.

El término “ferretero” tiene, justamente, una raíz vinculada al hierro: proviene del latín ferrum. La palabra “ferretería” nació asociada a los comercios dedicados principalmente a la venta de objetos de hierro y posteriormente amplió su significado.

Pero hay algo que la tecnología y los cambios comerciales todavía no lograron reemplazar del todo: el conocimiento de quien está detrás del mostrador.

Un buen ferretero no solamente entrega un producto. Pregunta para qué se lo necesita, observa el problema, recomienda una alternativa y, muchas veces, explica cómo utilizarla.

El “cosito” que siempre aparece
Hay además una tradición casi folclórica alrededor del oficio.

¿Cuántas veces alguien llegó a una ferretería con una descripción imposible?

“Necesito el cosito que va en el coso”.

El ferretero, contra toda lógica, suele entender.

A veces alcanza con una medida, una fotografía o un dibujo hecho a las apuradas en un papel. Y si no alcanza, aparece la pregunta salvadora: “¿Tenés una muestra?”.

Detrás de esa escena cotidiana existe, en realidad, una característica central del oficio: la experiencia.

CAFARA destaca justamente el papel del ferretero como asesor técnico y referente de confianza para vecinos, familias y trabajadores que necesitan encontrar una solución concreta.

Un comercio que sigue siendo parte del barrio
Las ferreterías también mantienen un fuerte vínculo con la economía de cercanía.

Según datos difundidos por CAFARA, el país cuenta con más de 15.000 ferreterías, con una amplia mayoría orientada al consumidor final. La entidad también señala que se trata de una actividad que, en muchos casos, se transmite de generación en generación.

Por eso, detrás de cada ferretería hay mucho más que estanterías llenas de herramientas.

Hay familias, trabajadores, emprendedores y vecinos que durante décadas encontraron allí una respuesta para arreglar una puerta, reparar una pérdida, pintar una pared, construir algo nuevo o simplemente recibir un consejo.

Una tradición que se adapta
Como cualquier actividad comercial, el sector ferretero también atravesó transformaciones económicas, tecnológicas y sociales.

Las nuevas formas de comprar, la digitalización y los cambios en los hábitos de consumo plantean desafíos, pero el oficio conserva una característica difícil de reemplazar: la cercanía y el conocimiento humano.

Más de 120 años después de aquella primera asociación creada en 1905, las ferreterías continúan ocupando un lugar particular en la vida argentina.

Este 3 de septiembre, entonces, no se celebra solamente a quienes venden herramientas.

Se celebra a quienes conocen de tornillos, tarugos, llaves, caños y pinturas, pero también a quienes aprendieron a escuchar una necesidad y convertirla en una solución.

Porque quizás ese sea el verdadero secreto del oficio: en una ferretería casi siempre hay una respuesta… aunque uno llegue preguntando por “el cosito ese”.

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